Cuando alguien llega a una meseta de fuerza, la primera reacción suele ser añadir más peso o más volumen de entrenamiento. Sin embargo, en muchos casos, el verdadero límite no está en la fuerza muscular, sino en la movilidad articular disponible para ejecutar el movimiento con el rango completo.

Una cadera con movilidad limitada, por ejemplo, puede obligar al cuerpo a compensar con la zona lumbar durante una sentadilla profunda, generando una sensación de estancamiento que en realidad tiene su origen en un problema de movilidad, no de fuerza.

Por eso incluimos una evaluación de movilidad antes de diseñar cualquier programa de fuerza, y por eso el trabajo de movilidad se mantiene presente durante todo el proceso, no solo como calentamiento previo a la sesión.

Mejorar la movilidad no es un objetivo aislado ni menor: suele ser el paso que desbloquea el siguiente nivel de progreso en fuerza, especialmente en movimientos complejos como la sentadilla, el peso muerto o el press por encima de la cabeza.

“Buena parte de las mesetas de entrenamiento tienen su origen en limitaciones de movilidad que pasan desapercibidas.”